19.3.08

acusamos recibo en la (triste) ciudad

Mario Benedetti

No te salves



No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.





5 comentarios:

Anónimo dijo...

buenísima!
....aunque la ciudad para algunos esté triste.

Violeta

Lu dijo...

Soñamos juntxs
juntxs despertamos
el tiempo hace o deshace
mientras tanto
no le importan tu sueño
ni mi sueño
somos torpes
o demasiado cautxs
pensamos que no cae
esa gaviota
creemos que es eterno
este conjuro
que la batalla es nuestra
o de ningunx
juntxs vivimos
sucumbimos juntxs
pero esa destrucción
es una broma
un detalle una ráfaga
un vestigio
un abrirse y cerrarse
el paraíso
ya nuestra intimidad
es tan inmensa
que la muerte la esconde
en su vacío
quiero que me relates
el duelo que te callas
por mi parte te ofrezco
mi última confianza
estás solx
estoy solx
pero a veces
puede la soledad
ser
una llama.

(Mario Benedetti)

Cristian dijo...

Capitalismo
« 29 de Marzo de 2008, 09:30:24 »

Que Honoré de Balzac fue el novelista más prolífico del siglo XIX, que intentó -fracaso- plasmar en su obra a toda la sociedad francesa de su tiempo, que en un par de años lo leyó todo, que con su utilización del realismo dejó sin opción alguna -en términos de habilidad narrativa- a todos los escritores del pasado y del futuro, que fue un rebelde, que gracias a su rebeldía llegó a escribir como escribió, que tenía pinta de esos que sirven cañas de vino en tugurios infectos por moscas, que Balzac por aquí, que Balzac por allá, que Balzac un día -les cuento- abrió la puerta de mi casa, que estaba desnudo a excepción de unos calcetines negros que le llegaban hasta la mitad de la pantorrilla y unos lentes, que me preguntó qué chucha hacía yo allí, que no le pude responder, que se acomodó los lentes para mirarme con desprecio, que Honoré me hizo sentir como el Cid Ruy Díaz -sí, ese, el Campeador-, que me echó de mi propia casa, que ni siquiera pude insultarlo en forma gesticular, que Honoré de Balzac me había dejado -no sólo a mí sino a muchos otros, como lo dije anteriormente- hace ratito sin opción alguna. Sin una puta mísera opción.

Pablo dijo...

Cristian Castro?

Anónimo dijo...

jajaja