14.4.07
23.3.07

Bitácora de Cuneta: Arneas
en cárcel de palabra verbo oscuro acantilado donde desbarrancan tranquilidades como cerdos poseídos; quema vino infernal ayuda traicionera escanseado en ceremonia nupcial de vaso y hombre; repugna la sexualidad dipsómana de trago e hígado desenfrenado en atardeceres del yo mozo.
El matonaje de la vida hace emboscada con el miedo, Arneas enfrenta espesura como ducha de petróleo que moja sus alas de queltehue vestido de cilicio.
Los sueños de Arneas que serían flores están destripados en los tranvías de la selva noche con taco aguja y filo ; cascadas de eclipses en los ojos salta desnuda violada la esperanza exigiendo un antiguo amanecer sin aguacero
Perros al fondo del cosmos mastican el silencio la aorta de la creación
hacen insomnio época de estertores con banda sonora de Nick.
Arneas con papel graffiteado trata de rasgar la negrura del suicidio enorme, graffiti con miel y escupo vestido de palabra frente a la estatua de noche y maldad cercenando el sueño frente a la calle San Pablo;
su orgullo de bebedor de tintos cae a la derrota el tiempo abre la cortina,
Arneas cae intentando el regreso al afán pajarístico de cantar en el abismo convertirse en cometa lobo aullando y brillando frente a la guillotina hija mecánica hija hambrienta de la máquina,
y aparecen las plumas muertes sobre su lengua arco iris.
Arneas pierde un diente los viajes son arrugas;
queda lejos Buenos Aires
Madrid
Barcelona
Nueva York
París;
enrollado en un frasco de piezas y libros Arneas es embrión flotando en su atardecer del yo mozo.
ARMANDO CARREÑO.
14.3.07
Y si tocan el cello con una astilla
tuerce la boca en mueca de horror que desmaya,
desfallece y recuerda sus tierras, sus edificios, castillos,
de música de oboe, traje largo y lenguas muertas,
de procesión de verbos extensos y figuras complejas,
cadáveres a la orilla del camino, bajo los laureles,
bajo las sillas, los trenes, las hierbas, margaritas,
girasoles, crisantemos y jazmines.
Y si tocan la viola con un pincel de pelo de marta
se transfigura su figura, de figura y fondo
en alma, espíritu-máquina que crea lo indecible
y recocina lo ya recocinado para orgullo de muchos
palmoteos en la espalda desnuda llena de cicatrices
viola la viola al violoncelo
Y si tocan las hojas del árbol-libro-oficio
triste queda al salir el sol, la esperanza
y cuando llegue otoño las hojas caerán
las violas, los cellos y violines
clarines de noche-luz, lazos azules que se elevan
por sobre todo, árbol-libro, murallones en cruz
pretensiones del bosque, animales que mascullan
hoja-viola, cello-niño, grillos-relojes
tiempo, siempre, viola, árbol, nunca.
Viola olvida la vida, que ya olvidé
Jaime Quezada Ortega
12.3.07
3x3

Esta x es un corredor de largas distancias que fuga en un cruce de tiempos,
sincronizados por meras presencias en fuga de cruces a pulso,
la voz en alto, el oído abierto, en cruce de cruces hacia el punto inexistente,
donde nos disuelve la voz del pensamiento numeroso en un dibujo a manos cruzadas.
Hacer vibrar la escritura en el aire es un acto sagrado, no divino.
La cebolla descascarada entre los pulmones se abre de vapores, vulnerado
así me entrego al silencio, vulnerado, hecho muchos y todos y sólo uno, en la duración.
La virilidad es mentira.
La grandeza es mentira.
Se alza la voz para desaparecer.
Es necesario.
Es necesario romper el esternón.
Despejar de las entrañas el corazón.
Es necesario perder los papeles.
Practicar el pulso del rosario.
Insistir por el rechazo.
Desear la guerra.
Ahogar el silencio.
Ser la casa.
Es necesario mostrar la vergüenza, sino donde,
si no es en la reunión de las almas.
El oído es otro instrumento más de la memoria que se pierde en el poema,
cuando este demanda la destitución inmediata del yo por vía del álgebra desmoronante.
