25.9.05

CONTRA EL HETERÓNIMO

“ Y por eso creo que en última instancia y el último día murió el pobre Isidore Ducasse porque el conde de Lautréamont lo ha sobrevivido en la historia, porque lo cierto es que fue Isidore Ducasse quien encontró el nombre de Lautréamont. Pero cuando lo encontró no estaba solo. Quiero decir que alrededor de él y de su alma había esa concentración microbiana de espías, ese ataque baboso y áspero de todos los parásitos más sórdidos del ser, de todos los antiguos aparecidos del no ser, esa tiña de aprovechadores innatos que en su lecho de muerte le dijeron: “Nosotros somos el conde de Lautréamont y tú no eres más que Isidore Ducasse, y te mataremos si no reconoces que sólo eres Isidore Ducasse y nosotros el conde de Lautréamont, autor de los “Cantos de Maldoror”, y murió una madrugada, en el confín de una noche imposible. Sudando y mirando a su muerte como por un orificio de su ataúd el pobre Isidore Ducasse frente al lírico Lautréamont. Y esto no se llama la rebelión de las cosas contra su dueño sino el libertinaje del siniestro inconsciente de todos contra la conciencia de uno solo.”

ANTONIN ARTAUD,
Les Cahiers du Sud (1946)

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